miércoles, 22 de enero de 2014

LA IGLESIA Y EL FASCISMO

LA IGLESIA Y EL FASCISMO

Todos sabemos de la mentalidad ultra-conservadora de la Iglesia, este es uno de los puntos que le une al fascismo y a las políticas de extrema derecha, ejemplo de esto son las manifestaciones en Ucrania, hay sacerdotes por todos los lados, el movimiento que se está llevando a cabo en Ucrania es un movimiento fascista, pero como podemos ver la Iglesia lo apoya (igual que la prensa y mucha gente en nuestro Estado); esta situación me ha llevado a enseñar que lo de la Iglesia apoyando al fascismo no es algo nuevo, es algo que viene de lejos. 



Comenzaremos hablando de Italia, de Benito Mussolini y del Papa Pío XI. En 1922, la Iglesia cada vez perdía más poder, los movimientos socialistas y el uso de la democracia les hacían ser cada vez más débiles; la Iglesia se oponía totalmente a a la democracia, la odiaba, ellos que habían tenido el control de toda Italia ahora se veían reducidos, además en las elecciones que se estaban a punto de celebrar el partido socialista y el partido católico pensaban aliarse para ganar, la Iglesia no estaba dispuesta a permitir esto así que decidió mandar una circular a todos los sacerdotes diciendo que que no se identificasen con el partido católico. Minaba así el poder del partido católico para darle poder al partido fascista, el cual Pío XI veía como la salvación para la Iglesia y la recuperación de todo su poder perdido.




El 20 de enero de 1923 ya se reúnen el cardenal Gasparri, Secretario de Estado del Vaticano, y Mussolini para alcanzar acuerdos. A cambio de la paralización del partido católico, la Iglesia pediría la destrucción del partido socialista, la eliminación de la democracia y volver a tener las propiedades que tenía antes de la pérdida de sus posesiones
y,  por supuesto, volver a  ser el rector y dominador de la vida social y moral del país. Mussolini aceptó y lo primero que hizo fue salvar el Banco de Roma de la quiebra donde tenía sus fondos la Santa Sede, ésta le dedicó por ello frases como esta: (en referencia a Mussolini) "había sido escogido (por Dios) para salvar la nación y restaurar su fortuna.". Como vemos,  hasta ahora parece que el fascismo y la Iglesia ya eran "colegas" de hace tiempo, pero continuemos. Avanzaremos hasta 1929, pero por el camino quedan sucesos como la ilegalización del partido católico o la obligación de renunciar a sus cargos a algunos sacerdotes, ya en 1929 se firmará el Tratado de Letrán mediante el cual la establecida dictadura entre el partido fascista y la Iglesia católica ganaba reconocimiento (el fascismo en el mundo católico) y dinero y poder (la Iglesia).



Este es el primer ejemplo de la alianza fascista con la Iglesia católica, pero hay más, como veremos a continuación.


 "Aprendí mucho de la orden de los jesuitas. Hasta ahora, nunca ha existido en la tierra nada más grandioso que la organización jerárquica de la Iglesia Católica. Yo transferí a mi partido mucho de esta organización".
"Estamos convencidos de que la gente necesita y requiere esta fe. Por lo tanto hemos llevado a cabo la lucha contra el movimiento ateo, y esto no sólo con unas pocas declaraciones teóricas: lo hemos aplastado." ¿De quién serán estas palabras? Ni más ni menos que de Don Adolfillo Hitler.




Bien, supuestamente el Vaticano mediante Pío XII rechazó al nazismo pero sin embargo nos encontramos un matrimonio de conveniencia entre el nazismo y la Iglesia, la Iglesia no se vería molestada por Hitler y a cambio aceptarían a Hitler como gobernante; además el Vaticano no veía con malos ojos la exterminación de judíos, muchos de ellos simpatizantes del partido bolchevique, el judeobolchevismo era mal visto por la Iglesia católica. Otras muestras de apoyo de la Iglesia católica al régimen nazi fueron la misa tras la muerte de Hitler o la protección de criminales de guerra tras la caída del régimen.



Esta alianza se ve mejor explicada en un fragmento del libro "Tratado de Ateología" de Michael Onfray:
"El matrimonio entre la Iglesia católica y el nazismo es incuestionable, abundan los ejemplos y no son insignificantes. La complicidad no se estableció con silencios de aprobación, con no dichos explícitos o cálculos realizados a partir de hipótesis interesadas. Los hechos le demuestran a cualquiera que investigue el tema en la historia que no fue un matrimonio de conveniencia, impuesto por una necesidad de supervivencia de la Iglesia, sino una pasión común y compartida hacia los mismos enemigos irreductibles, los judios y los comunistas, igualados, la mayor parte del tiempo, en el revoltijo conceptual del judeobolchevismo.
Desde los inicios del nacionalsocialismo hasta la protección de los criminales de guerra del Tercer Reich después de la caída del régimen, a quienes ayudaron a huir a otros países, aparte del silencio de la Iglesia sobre estos asuntos, desde entonces, y aún hoy –incluso la imposibilidad de consultar los archivos sobre este tema en el Vaticano-, el feudo de San Pedro, heredero de Cristo, fue también el de Adolf Hitler y sus secuaces nazis, fascistas franceses, colaboracionista, vichyistas, milicianos y otros criminales de guerra.
Los hechos: la Iglesia católica aprobó el rearme de Alemania, yendo en contra del Tratado de Versalles, desde luego, pero también en contra de las enseñanzas de Jesús, en especial, las que celebran la paz, la bondad y el amor al prójimo; la Iglesia católica firmó un acuerdo con Adolf Hitler desde su asunción como canciller en 1933; la Iglesia católica calló sobre el boicot de los comerciantes judíos, no protestó ante la proclamación de las leyes raciales de Nuremberg en 1935, guardó silencio en 1938 cuando ocurrió la Noche de los Cristales; la Iglesia católica entregó su archivo genealógico a los nazis que supieron desde ese momento quiénes eran cristianos, y por lo tanto no judíos; la Iglesia católica sostuvo, defendió y apoyó al regimen pro nazi de los ustachis de Ante Pavelic en Croacia; la Iglesia católica absolvió al régimen colaboracionista de Vichy en 1940; la Iglesia católica, aunque estaba al corriente de la política de exterminio iniciada en 1942, no la condenó, ni en privado ni en público, como tampoco dio órdenes a los curas u obispos de censurar ante los fieles al régimen criminal.Las fuerzas aliadas liberaron Europa, llegaron a Berchtesgaden y descubrieron Auschwitz. ¿Qué hizo el Vaticano? Siguió apoyando al régimen derrotado: la Iglesia católica, a través del cardenal Bertram, mandó decir una misa de réquiem en memoria de Adolf Hitler; la Iglesia católica guardó silencio y no hizo ninguna declaración condenatoria cuando se descubrieron las pilas de cadáveres, las cámaras de gas y los campos de exterminio; la Iglesia católica, más bien, organizó para los nazis sin Führer lo que nunca hizo por ningún judío o víctima del nacionalsocialismo: coordinó la oficina de ubicación de los criminales de guerra fuera de Europa; la Iglesia católica utilizó al Vaticano, expidió papeles sellados con visas y creó una red de monasterios europeos como lugares de escondite para protección de los dignatarios del Reich derrotado; la Iglesia católica incluyó en su jerarquía a personas que habían ocupados cargos importantes en el régimen hitleriano; la Iglesia católica nunca se arrepentirá de nada, puesto que no reconoce oficialmente nada de esto.
...
Mientras permanecía en silencio sobre la cuestión nazi durante y después de la guerra, la Iglesia no dejaba de tomar decisiones contra los comunistas. Con respecto al marxismo, el Vaticano dio muestras de un compromiso, de una militancia y de una fuerza que bien nos hubiera gustado verle utilizar para combatir y desacreditar el Reich nazi. Fiel a la tradición de la Iglesia que, por la gracia de Pío IX y Pío X, condenó los derechos del hombre como contrarios a la enseñanza católica, Pío XII, el famoso Papa, amigo del nacionalsocialismo, excomulgó en masa a los comunistas del mundo entero en 1949. Alego la colusión de los judíos y el bolchevismo como una de las razones de su decisión.
A modo de información: ningún nacionalsocialista de las bases, ningún nazi del alto mando o miembro del estado mayor del Reich fue excomulgado y ningún grupo fue excluído de la Iglesia por haber hecho funcionar las cámaras de gas. Adolf Hitler no fue excomulgado, y su libro, Mi Lucha, nunca formó parte del Indice. Recordemos que después de 1924, fecha de publicación de ese libro, el famoso Index Librorum Prohibitorum agregó a su lista –junto a Pierre Larouse, culpable del Grand Dictionaire universel (!) a Henri Bergson, André Gide, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. Adolf Hitler nunca figuró allí.Un lugar común, que no resiste ni el menor análisis, y aún menos la lectura de los textos, presenta a Adolf Hitler como un ateo pagano, fascinado por los cultos nórdicos, amante de un Wagner de cascos con cuernos, del Walhalla y de las valquirias de grandes pechos, un anticristo, la antítesis del cristianismo. Además de la dificultad de ser ateo y pagano a la vez –negar la existencia de Dios o de los dioses, y creer en ellos al mismo tiempo..- es necesario pasar por alto todos los pasajes de la obra escrita –Mi Lucha-, de la obra política –ausencia en el Reich de persecuciones contra la Iglesia católica, apostólicia y romana, al contrario de las llevadas a cabo contra los Testigos de Jehová, por ejemplo-, y las confidencias privadas del Führer –conversaciones publicadas con Albert Speer-, donde Adolf Hitler afirma sin ambigüedades y de modo constante su buena opinión del cristianismo.
¿Fue decisión de un Führer ateo mandar inscribir en los cintos de los soldados de las tropas del Reich Gott mit uns! ¿Se sabe que la frase fue tomada de las Escrituras? En particular, del Deuteronomio, uno de los libros de la Torá, donde podemos leer explícitamente: Dios (Dt. 20, 4), una frase extraída de la arenga que Yahvé dirige a los judíos cuando parten a luchar contra sus enemigos, los egipcios, a los que Dios promete un exterminio total (Dt. 20, 13). ¿Un Führer ateo fue el que determinó que todos los niños de la escuela pública alemana comenzaran la jornada en Reich nacionalsocialista rezando una oración a Jesús? No a Dios, lo que podría hacer de Hitler un deísta, sino a Jesús, lo cual lo define, en forma explícita, como cristiano. El mismo Führer, supuestamente ateo, les exigió a Goering y a Goebbles, en presencia de Albert Speer, quien relata la conversación, que permanecieran en el seno de la Iglesia católica, como lo haría él hasta el último de sus días.Las buenas relaciones entre Hitler y Pio XII se dieron más allá de las complicidades personales. Las dos doctrinas comparten varios puntos de vista. La infalibilidad del Papa, que, recordémoslo, también es jefe de Estado, no podía disgustar a un Führer que estaba a su vez persuadido de la propia. La posibilidad de construir un Imperio, una Civilización y una Cultura con un líder supremo investido de todos los poderes –como Constantino y algunos emperadores cristianos que lo sucedieron- era lo que fascinaba a Adolf Hitler mientras escribía su libro. ¿La erradicación por parte de los cristianos de todo lo que se relacionara con el paganismo? ¿La destrucción de altares y templos? ¿La quema de libros? ¿Las persecuciones contra los opositores de la nueva fe? Excelente, consideraba Hitler.El Führer exaltaba el devenir teocrático del cristianismo: la intolerancia que crea la fe, según sus propias palabras, en la página 451; la capacidad de la Iglesia para no renunciar a nada, incluso ante la ciencia cuando ésta contradice sus posicones y cuestiona algunos de sus dogmas, página 457; la plasticidad de la Iglesia a la que predice un futuro más allá de lo imaginable, página 457; y la permanencia de la venerable institución, a pesar de este o aquel comportamiento deplorable de algunos miembros de la Iglesia, lo cual no compromete al movimiento general, página 119. Por todo ello, Adolf Hitler invita a aprender, página 457, y también páginas 118, 119 y 120. (Mein Kampf, libro de Hitler).

¿Cuál es el verdadero cristianismo del que habla Hitler en Mein Kampf? El del gran -en la misma página, Jesús, el mismo al que le rezan los niños en las escuelas del Reich. ¿Pero qué Jesús? No el de la otra mejilla, no, sino el colérico que expulsa a latigazos a los mercaderes del Templo. Hitler hace referencia explícita al pasaje de Juan en su demostración. Y además, a modo de recordatorio, ese látigo crístico sirve para desalojar a los infieles, a los no cristianos, a las personas que practican el comercio y hacen transacciones de dinero, en una palabra, los judíos, la razoón de la complicidad entre el Reich y el Vaticano. El Evangelio de Juan (2, 14) no impide la lectura filocristiana y antisemita de Hitler, mejor, la hace posible... Y más aún si recordamos los pasajes que condenan a los judíos a la gehena, pasajes que abundan en el Nuevo Testamento. Los judíos, pueblo deicida, ésa es la clave de aquella camaradería funesta: se sirven de la religión para sus negocios, dice; son los enemigos de toda la humanidad, agrega; y crean el bolchevismo, precisa. Cada uno llegará a su propia conclusión. El, Hitler, explica por qué: "Las ideas y las instituciones religiosas de su pueblo deben ser sagradas para el jefe politíco", página 120. Así pues, las cámaras de gas se alumbrarán en las hogueras de San Juan."

Creo que con esto queda demostrada la unión entre la Iglesia y el nazismo, y con este caso ya van dos alianzas del facismo y la Iglesia y justo con los dos mayores dictadores fascistas de la historia: Mussolini y Hitler. 

Ahora trataremos por último el caso que nos coge más de cerca, el nacionalcatolicismo de Franco.
Ya el nombre del tipo de régimen que dirigió Franco da una pista sobre la unión de la iglesia y el fascismo, el nacionalcatolicismo.



 Franco y la Iglesia se aliaron en busca del poder, juntos produjeron un levantamiento militar contra un Gobierno escogido de una forma democrática y lo derrocaron. A partir de ahí la Iglesia pudo moverse con total amplitud de movimientos, adoctrinando en escuelas y señalando a "rojos" para que fuesen llevados al paredón. La Iglesia durante el mandato de Franco alcanzó su esplendor en el Estado español, haciendo a la población más tonta y adoctrinando a todo el mundo quisiese o no, por eso no nos deberí extrañar ahora mismo algunas declaraciones de muchos curas que llevan muchas trazas fachas, pues al final es lo que fueron, es lo que son y es lo que serán. El poder del que gozó la Iglesia en aquella época hace que ahora la mayoría de la población española sea católica y muchos de ellos dogmáticos y de la ultra-derecha.



Bien pues hemos visto tres casos de alianza del fascismo con la Iglesia, con tres dictadores fascistas reconocidos mundialmente, dos de ellos marcaron la historia de Europa, el otro marcó la historia del Estado español, en los tres casos para mal.
Por lo tanto después de ver todo esto no debería extrañarnos ver a sacerdotes apoyando los movimientos fascistas de Ucrania, debería resultarnos de lo más habitual.





FUENTES:
http://www.diario-octubre.com/2013/11/17/123450/
"Tratado de Ateología" de Michael Onfray
Cosecha propia

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